Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2006.
03/07/2006
Cosas que nunca ves aunque siempre están ahí
Son ese tipo de cosas que puedes haber visto sin ver cientos de veces y un buen día te fijas y dices, "¡Ostras! ¿Eso ha estado siempre ahí?" Por su aspecto sabes que la respuestas es sí. En ese momento te das cuenta de lo poco que te quedas con lo que está a tu alrededor y en lo distraído que vas por el mundo y te propones prestar más atención a todo... hasta la próxima vez que veas una de esas casas antiguas (película de terror) desde el autobús y te plantees "¿eso ha estado simepre ahí?".
Lo gracioso es que la respuesta casi siempre es sí.
06/07/2006
No me gusta la palabra Blog
¿Os dais cuenta que a veces importamos palabras feas sólo porque son cortas?
Me pasa eso con la palara blog. Sobretodo, teniendo otra tan sonora y llena de connotaciones como bitácora. Me hace pensar en viajes, en el mar, en aventuras y en lo que pueda haber más allá de la última frontera. Me hace viajar con la imaginación a todos esos lugares a los que normalmente no podría llegar. Es curioso que una palabra pueda inspirar tanto. Esas son las llamadas por Cebrián "palabras mágicas". Esas que sólo con escucharlas, pueden iniciar una historia, ser un colofón espectacular o simplemente darle un ambiente especial, para transformar un simple relato en algo más.
Por eso me gusta tanto "bitácora".
10/07/2006
Matices
Esa es la diferencia entre todas las cosas y donde reside la magia. Es en los detalles donde cada cosa es diferente, donde realmente ves que el mundo no es tan gris ni tan homogéneo como parece a primera vista. Es en los rincones donde se esconden las pequeñas cosas que te hacen sonreir y por las que merece la pena seguir.
Por eso quiero matizar: si viésemos la vida de cada una de las personas con las que nos cruzamos, todas serían esencialmente parecidas, pero serían los matices los que las harían diferentes e interesantes; por eso quiero escribir.
29/07/2006
Historias de Hospital
Salgo al pasillo y veo a una chica delgada de unos 18 años enfundada en un camisón azul que avanza hacia su habitación apoyándose con una mano en la pared y con la otra cogiéndose a su madre. Suena un móvil y la madre mira un instante a su hija y sin decir nada sale disparada, desmintiendo eso de que la gente mayor no puede correr y dejando a su hija avanzando al mismo paso de caracol pero con el único apoyo de la pared para seguir avanzando. Pienso en pararme y ayudarla, pero no me decido hasta que ya no necesita ayuda: ha llegado a su destino.
Son esas ocasiones en las que pienso si los teléfonos son tan importantes. Como si ese desconocido que llama fuera más importante que el conocido que espera.